Todos somos stalkers

Seamos honestos, si existieran grupos de apoyo para stalkers, todos nos encontraríamos allí. Yo sería capaz de fundar el primer “stalkers anónimos” del mundo, donde todos podríamos confesar y buscar una cura. Aunque ¿para qué curarnos? No somos enfermos, solo queremos saber, saber, saber. Podría ser triste, pero no. Podría ser patético, pero no. Vamos a aceptar con dignidad que TODOS SOMOS STALKERS y así poder hablar claro.

Si bien las redes sociales se crearon para estar en contacto con amigos y familiares, también es cierto que tras esos maravillosos inventos, se vino también el deseo reprimido por saber qué están haciendo aquellas personas que nos caen mal o que nos hicieron daño. ¿Para qué? Esa es la pregunta. Nadie sabe. Y mejor no averiguarlo, no vaya a ser que descubramos que “stalkear” acelerará el fin del mundo.

Sin embargo, es inevitable. Por más que lo intentemos, lo hacemos. Yo sé que te mueres por saber si tu ex se comprometió. Sé también que te retuerces al ver el cuerpo de playa que tiene aquella compañera del colegio que se metía contigo y te robaba la lonchera. Sé que necesitas saber de la exitosa vida de aquel jefe que te amargó la existencia. Y ni hablar de aquel(aquella) amor platónico(a) que nunca te hizo caso. No te engañes, yo sé que lo(la) buscas en Whatsapp a ver si cambió la foto de perfil y cuando la abres le haces un acercamiento. ¡CONFIESA! ¡Acepta que lo haces!

Pero hey. “Vamo a calmarno”.

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Nadie te juzga por eso. Yo sería incapaz de juzgarte por eso. Es más, para que no te sientas solo, aquí te va: yo-también-lo-hago.

Hace poco leí por ahí algo que decía “si no terminas triste o molesto no fue una buena ‘stalkeada’”. Qué sabias palabras. Es demasiado cierto. Ser un stalker, pero un stalker de verdad verdad implica sentir un mal sabor en las papilas. Saber que no debiste haberte metido en ese Instagram, porque estabas seguro(a) de que lo que encontrarías te iba a traer miseria, pero igual lo hiciste. Con valentía. Con honor. Y al cerrar la aplicación, sabes que debes llamar a un(a) amigo(a) y que lo que toca es hacer catarsis en un bar. Sí, ese(a) que estaba con él(ella) en la foto de la playa podías haber sido tú, pero no lo eres. Y no importa. Levántate. Y siempre recuerda que si todos somos stalkers, alguien en este momento te está “stalkeando” a ti. Bravo por eso.

NOTA FINAL: a ti que se te ocurrió cambiar las funciones predeterminadas de Whatsapp para que nadie sepa que estás online, ni cuando fue la última vez que te conectaste, ni si te llegaron los mensajes, déjame decirte que eres un(a) cobarde. Para nosotros, esta gran multitud sólida y unida de stalkers del mundo, tú eres una vergüenza. Solo queremos que sepas eso.

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